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Se calcula que un niño puede llegar a tener unas 100 infecciones respiratorias hasta los diez años

La mayoría de los padres saben o han oído que cuando el niño se incorpora a la guardería el primer año de estancia en ella suele ser un “calvario”. Se suelen oír frases que muestran cierta sensación de desespero: “Mi hijo siempre está enfermo”, “no para de toser”, “todo el día le cuelgan los mocos”,“está más en casa que en la guardería”. ¿Es normal esta sensación de descontrol y desespero? Y si se pone enfermo, ¿Qué hacemos?.


Una persona adulta suele tener de 2 – 4 infecciones al año que duran entre cinco y diez días, con los síntomas habituales (secreción nasal, estornudos, tos e incomodidad) y suelen ser superadas sin problemas. Los niños menores de 6 años sanos tienen una infección por mes (especialmente de septiembre a abril), con fiebre relativamente alta que, en ocasiones, precede a los síntomas y con afectación del humor del niño. Además, se acompañan muchas veces de mocos espesos y tos blanda siendo su duración de unos 20 días.

Si reflexionamos sobre las cifras veremos que eso convierte al niño en un ser que permanentemente está resfriado; encadena una infección con otra y de ahí otra célebre frase: “mi hijo tiene un catarro mal curado”. No es que esté mal curado sino que a uno se le añade otro y da la sensación de catarro y mocos ondulantes que no paran nunca. Se han hecho cálculos de la cantidad de infecciones respiratorias que tiene un niño sano desde que nace hasta los 10 años de edad: unas 100 !!!!.

La diferencia entre la forma de iniciar los síntomas de una enfermedad entre el niño y el adulto es otro hecho que los padres deben conocer. Cuando un niño tiene una infección vírica no es raro que empiece con fiebre alta, malestar y ningún síntoma acompañante. A veces tardan horas o días en manifestarlos de tal manera es difícil hacer el diagnóstico. En los adultos suele ocurrir lo contrario: primero tienen los síntomas (malestar, dolor al tragar, o nariz tapada) y después aparece la fiebre (si aparece). Así tenemos que el niño frecuentemente se presenta con fiebre alta sin síntomas acompañantes al contrario que el adulto que enferma poco con síntomas claros y casi siempre sin fiebre. Ese es uno de los motivos por los que los servicios de urgencias de pediatría están a rebosar en el período invernal.

¿Qué hacer si se pone enfermo?

Lo ideal sería que los padres pudieran quedarse en casa con su hijo enfermo. Pero, si los padres trabajan es difícil que lo puedan arreglar. Habrá que pactar en el trabajo las ausencias para cuidar del hijo o se tendrá que buscar a un sustituto (abuelo, canguro) dispuesto a cuidarlo mientras esté enfermo. Lo mejor será que su hijo esté en un entorno conocido y con una persona conocida. Hay que asegurarse bien de que sabe lo que le pasa al niño, como tratar la enfermedad (dejar escritas las dosis del medicamento y cómo se debe administrar) y saber adonde acudir si se pone peor.

Las medicinas no se deben "disfrazar" como si fueran alimentos ni describirse como golosinas. En lugar de ello, al niño se le tiene que explicar para qué sirve la medicina y por qué necesita tomársela. Pídale a la persona que se vaya a quedar con el niño que anote las horas exactas a las que le ha dado el medicamento al niño. Si deja a su hijo en una guardería o una casa particular es posible que le pidan que firme un documento dando su consentimiento para que su hijo reciba la medicación.


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